
|
|
Rosario, Argentina 26/06/2026
Noticias
[26/06/2026]
TRIGO: RETRASAR LA SIEMBRA UN MES, APENAS DEMORA UNA SEMANA LA ESPIGAZÓN, SEGÚN UN ESTUDIO DE INTA
La fecha de siembra es una de las decisiones agronómicas más importantes en el cultivo de trigo. Sin embargo, un reciente trabajo basado en ensayos de INTA demuestra que los atrasos en la implantación tienen un impacto mucho menor de lo que habitualmente se supone sobre la fecha de espigazón, una etapa crítica para la definición del rendimiento.
El estudio, elaborado por el ingeniero agrónomo Diego Hugo Pérez a partir de datos de las campañas 2023/24, 2024/25 y 2025/26 en las localidades de Marcos Juárez (Córdoba) y Oliveros (Santa Fe), analizó 560 observaciones correspondientes a más de 40 genotipos de trigo por campaña.
La principal conclusión fue contundente: por cada día de atraso en la siembra, la espigazón se retrasa apenas entre 0,21 y 0,23 días. En términos prácticos, una demora de 30 días en la implantación desplaza la espigazón solamente entre seis y siete días.
«Los resultados muestran una marcada capacidad compensatoria de los genotipos evaluados», señala el trabajo. Incluso en los casos extremos analizados, con atrasos cercanos a los 45 o 48 días, la fecha de espigazón se desplazó apenas unos diez días.
La biología del cultivo juega a favor
La investigación encontró que, independientemente de cuándo se siembre, los cultivares tienden a converger hacia una ventana relativamente acotada de espigazón. Esta característica responde a mecanismos fisiológicos vinculados al fotoperíodo y la vernalización, que regulan el desarrollo del cultivo.
En Marcos Juárez, la relación entre atraso de siembra y fecha de espigazón fue altamente significativa desde el punto de vista estadístico. Allí, un retraso de 48 días en la siembra generó un corrimiento promedio de apenas diez días en la aparición de las espigas.
En Oliveros se observó una tendencia similar, aunque con una mayor influencia de factores ambientales y diferencias entre materiales genéticos.
Otro dato destacado fue la reducción de la variabilidad entre variedades a medida que la siembra se retrasa. En una siembra temprana realizada en junio de 2023 en Oliveros, la diferencia entre el genotipo más precoz y el más tardío alcanzó los 44 días de espigazón. En cambio, en siembras de julio esa brecha se redujo a menos de diez días.
Según los autores, esto evidencia cómo las condiciones ambientales tienden a sincronizar el desarrollo de materiales con diferente sensibilidad al fotoperíodo cuando las fechas de implantación son más tardías.
La ventana que define el rendimiento
El trabajo también pone el foco en un aspecto clave para la producción: la necesidad de ubicar la antesis dentro de una estrecha ventana de bajo riesgo climático.
En la región pampeana, la última helada promedio ocurre alrededor del 26 de septiembre, aunque existen registros que se extienden hasta el 18 de octubre. Por eso, los cultivos que espigan demasiado temprano quedan expuestos a daños por frío, mientras que los que lo hacen demasiado tarde pueden enfrentar temperaturas elevadas durante el llenado de granos.
A esta ecuación se suma la disponibilidad de radiación solar. El análisis mostró que durante la campaña 2025 se registraron valores excepcionalmente altos del cociente fototermal —un indicador que combina radiación y temperatura— entre el 1 y el 10 de octubre, generando condiciones ideales para maximizar el potencial de rendimiento.
De acuerdo con los resultados, esa franja comprendida entre fines de septiembre y la primera quincena de octubre aparece como una de las más favorables para que ocurra la espigazón.
Más importante que la fecha, el genotipo
Si bien la fecha de siembra sigue siendo una herramienta fundamental de manejo, el estudio concluye que su capacidad para modificar la fecha de espigazón es relativamente limitada.
Por el contrario, la elección varietal emerge como el principal recurso para posicionar la antesis dentro de la ventana de menor riesgo.
«Modificar la fecha de siembra en dos o tres semanas produce ajustes relativamente pequeños en la fecha de espigazón, por lo que la elección del genotipo continúa siendo el instrumento más eficaz para ubicar el período crítico en el momento más favorable», concluye el trabajo.
La información adquiere especial relevancia en campañas atravesadas por excesos hídricos o dificultades operativas que obligan a retrasar las siembras. Los resultados sugieren que el trigo cuenta con una capacidad de adaptación fenológica superior a la esperada, ofreciendo mayor flexibilidad para la toma de decisiones sin comprometer necesariamente el posicionamiento de la espigazón dentro de la ventana.
Fuente: Todo Agro
|